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06 septiembre, 2013

LAS LAVANDERAS DEL MANZANARES



Las lavanderas desarrollaron su oficio a lo largo y ancho de la península en las poblaciones, en sus fuentes y ríos, siendo esta una labor dura y penosa que requería fortaleza física para poder cargar con los fardos de ropa y permanecer horas y horas de rodillas, encorvadas frotando la misma. Esta, en ocasiones, se encontraba especialmente sucia al provenir de centros de de enfermos contagiosos. 
                                          Nos encontramos con varios tipos de lavanderas; las que tan sólo se ocupaban de la ropa  de la casa en la que servían y las que lavaban para aquellos que se podían permitir pagar el servicio, así mismo dentro de estas, las que más clientes tenían se permitían un mozo que les ayudaba a cargar el fardo.
                                         Las mujeres que realizaban esta tarea eran de origen humilde, madres solteras o por el contrario de familia numerosa, viudas e incluso niñas, con un  jornal muy bajo, aproximadamente de 6 reales, el trabajo que hacían era totalmente insano y cabe reseñar que no hubo en toda España zona más masificada de lavanderas que el río Manzanares.
                                          Los lavaderos de Madrid, lógicamente, se encontraban en las márgenes del río entre el Puente de Segovia y El puente de Toledo, también existieron otros como por ejemplo el del Puente de la Reina Victoria entre otros.
                                          Esta actividad cesó aproximadamente hacia 1926 cuando se canalizó el río y el agua llegó a las casas.





                                
                                                          Lavaderos entre el puente de Segovia y el de Toledo

¿ COMO SE LAVABA ?
                         Cada lavandera disponía de una tabla de madera y el jabón lo preparaban casero con el resto de las grasas y sosa caustica, es decir, el jabón de Castilla. Una vez bien restregada y frotada se introducía en un barreño de zinc o madera para su aclarado. Posteriormente había que blanquear para lo que se extendía la ropa al sol y se la regaba varias veces. Para ello se utilizaban barreños de agua hirviendo con las cenizas de la cocina.
                          Por último y una vez escurridas, las prendas más grandes, como las sábanas se tendían en los tendederos de cuerda con ayuda de una tranca, un palo en forma de horquilla con el que se levantaban y se elevaban para que se secasen antes. Si el tiempo no acompañaba se tenían que secar en casa al calor de una humilde candela y finalmente, de nuevo, regresar a Madrid para realizar la entrega de la ropa limpia.





                                                                                               Puente de Toledo

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